Historia

NTRA. SEÑORA DE LA PAZ


El origen de la devoción en Alcobendas a la Virgen de la Paz no se encuentra datado, aunque existe una tradición oral que partiría de los tiempos de la Reconquista en que se registraron tantos hechos semejantes. Se narra que en el desaparecido aledaño  poblado de Fuentidueña –hoy día el Soto de la Moraleja- una imagen de la Virgen apareció milagrosamente en una higuera a una pastorcilla manca que apacentaba unas ovejas. Cuenta la tradición que tras sanarle la mano manca la dijo que fuera a dar noticia de la aparición. En su recuerdo la iconografía presenta la figura de la pastorcilla a los pies de la imagen de la Virgen sobre una higuera.

La primitiva imagen no se conserva, pero se tiene noticia de que era sedante, de madera de tilo, con una granada en su mano, siendo su manto y túnica propios de la época,  al parecer bizantina. En un libro parroquial  del siglo XVIII se daba noticia -quizá algo exagerada- sobre su origen: “…créese también y como tal lo refiere la tradición, que fue hecha por Nicodemus y pintada por San Lucas”.

La tradición también nos cuenta que el madrileño San Isidro acudía a orar ante la imagen, y que desde tiempos pretéritos se hicieron romerías en Alcobendas y otros pueblos de la zona hasta la ermita del lugar de Fuentidueña. Ya en el siglo XV la ermita era un enclave espiritual importante en el noreste madrileño, y en ella predicó San Vicente Ferrer.

La antigüedad de la devoción alcobendense se atestigua en las Relaciones del rey Felipe II hechas en 1578, donde se decía que “ha muchos años que en esta dicha villa se guardan las dichas fiestas por votos que hicieron los antiguos”. Del año 1427 data la referencia escrita más antigua que se conoce, tratándose de una visita eclesiástica a la ermita en la que se alude a un mayordomo de Ntra Sra. de la Paz. En 1644 el Concejo de Alcobendas nombró patrona de la villa a “su Virgen de la Paz”, en un momento en que, precisamente, tres guerras había en curso: Flandes, Portugal y Cataluña.

La Virgen tenía fama de milagrosa, pero el milagro más celebrado fue el que aconteció en 1677 en la casa de Juan Perdiguero, prioste de las fiestas de ese año, donde se multiplicó el vino que se había consumido el día anterior en la celebración del “día de la Paz”.

En el siglo XVIII las romerías anuales se convirtieron en conflictivas al oponerse los ediles madrileños a que acudieran los alcaldes alcobendenses con sus varas de justicia, por lo que en 1768 el arzobispado de Toledo ordenó que las celebraciones anuales del día de la Paz tuvieran lugar en lo sucesivo en la iglesia parroquial. Suprimida la romería, comenzó otra tradición, la de los traslados de la Virgen de su ermita a la iglesia de San Pedro y viceversa. El cardenal Lorenzana lo refería en 1786: “Su fiesta se hace con magnificencia, trayendo a la imagen a esta iglesia en un carro triunfante con mucha concurrencia de toda la comarca”.

Fastuosas fueron las celebraciones llevadas a cabo con motivo del primer centenario del milagro del vino, y de ellas quedó constancia en la Biblioteca del Palacio Real a petición de Carlos IV, entonces príncipe de Asturias. También se conservan en Palacio, en la Real Armería, unos estandartes del siglo XVIII con la imagen de la Virgen regalados por el Ayuntamiento.

En el siglo XIX la ermita fue objeto de la rapiña francesa, y de la venta de objetos de valor para sufragar las guerras carlistas, y fue salvada de las desamortizaciones al haberla establecido el Ayuntamiento como capilla del cementerio que instaló anejo a ella en el año 1842.

Destruida bárbaramente la imagen en agosto de 1936, fue sustituida en la posguerra por la imagen que actualmente conocemos, sobre la que la estima y devoción de los vecinos devotos de Alcobendas se mantiene como en tiempos remotos, sea cual sea su lugar de origen, profesando hacia la Patrona un efusivo fervor popular.

El 22 de junio de 1991, la Virgen de la Paz fue coronada canónicamente por el entonces cardenal arzobispo de Madrid don Ángel Suquía.


Julián Caballero Aguado (Historiador de la Hermandad)